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La última nota de Huxley: dosis, vía y hora de muerte

El 22 de noviembre de 1963, Aldous Huxley ya no podía hablar. Escribió su última petición en una tableta. Lo que pidió fue coherente con todo lo que había escrito.

La última nota de Huxley: dosis, vía y hora de muerte

El 22 de noviembre de 1963, Aldous Huxley estaba muriendo de cáncer. Ya no podía hablar. Tomó una tableta y escribió su última petición a su esposa, Laura: LSD, 100 μg, intramuscular.

No es una frase. Es una prescripción. Con dosis y vía de administración.

Lo que escribió y lo que había escrito

Huxley llevaba una década explorando los estados alterados de conciencia con la misma seriedad con que había escrito sus novelas. En 1953 había probado mescalina, y al año siguiente publicó Las puertas de la percepción, donde relató esa experiencia con precisión clínica y filosófica. Con LSD empezó a experimentar desde 1955.

No era misticismo vago. Era investigación sostenida, documentada, que él consideraba parte de una pregunta más grande sobre la mente y la muerte.

La tarde del 22 de noviembre

Laura Huxley le administró la primera dosis. Unas horas después, una segunda. Aldous Huxley murió a las 5:20 de la tarde.

Laura dejó constancia de esas horas en una carta. Según su relato, las cinco personas presentes —entre ellas dos médicos y una enfermera— describieron la muerte como serena y sin sufrimiento. Dijeron no haber visto algo así antes en alguien en su estado.

Una coincidencia de calendario

Esa misma tarde, la televisión de la casa transmitía una cobertura de emergencia. John F. Kennedy había sido declarado muerto a la una de la tarde. Laura supo después lo que estaba en la pantalla mientras Aldous moría.

Dos muertes en el mismo día, sin ninguna relación entre sí. La historia las puso en la misma fecha y ahí quedaron.

El detalle que lo hace real

Lo que hace que este episodio sea distinto a cualquier versión mitificada no es el LSD ni la coincidencia con Kennedy. Es la tableta.

Un hombre que ya no puede hablar, en sus últimas horas, escribe con precisión lo que quiere. Dosis. Vía. Sin ambigüedad. Es el mismo gesto de alguien que ha pasado décadas pensando con cuidado sobre un tema y no abandona ese rigor cuando ya no le queda nada más que decir.

Si hay coherencia entre una vida y una muerte, rara vez queda tan bien documentada.

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