La reina del crimen escribió cientos de misterios. El suyo propio se lo llevó a la tumba.
La noche del 3 de diciembre
Esa noche Agatha Christie hizo algo que no tiene explicación verificable: besó a su hija Rosalind, que dormía, salió de la casa y se fue manejando sola en la oscuridad.
Ese día había discutido con su marido, Archibald Christie. Él mantenía una relación con otra mujer y quería el divorcio. Esa misma noche se fue a pasar el fin de semana con amigos. Ella salió después.
El auto abandonado
Al día siguiente encontraron su Morris Cowley abandonado en Newlands Corner, sobre una cantera de creta, como si el vehículo se hubiera salido de control. No había rastro de ella.
Lo que siguió fue una de las búsquedas más grandes en la historia policial británica hasta ese momento: más de mil policías, voluntarios, perros. Nada.
Once días, un nombre, un hotel
El 14 de diciembre, once días después de su desaparición, un músico del hotel Swan Hydro en Harrogate la reconoció entre los huéspedes. Estaba ahí, tomando desayuno, participando de las actividades del balneario.
Se había registrado con el nombre Teresa Neele.
Neele era el apellido de Nancy Neele, la amante de su marido.
Lo que no se sabe
Agatha Christie dijo no recordar nada de esos once días. Después dijo haber recuperado la memoria. Nunca discutió en detalle lo que ocurrió, y en sus memorias no hay ninguna referencia al episodio.
Los National Archives británicos conservan el informe policial del caso. Es el documento que existe. Lo que no existe es una explicación de su parte.
Circulan al menos cuatro hipótesis: amnesia disociativa, crisis depresiva, fuga deliberada, maniobra publicitaria. Ninguna está establecida. Ninguna fue descartada del todo. Ella nunca eligió una.
El misterio que no resolvió la autora
Hay algo que no deja de resonar: la mujer que inventó a Hércule Poirot, que construyó su carrera entera sobre la promesa de que todo crimen tiene solución, dejó el único caso que le pertenecía completamente sin resolver.
El nombre Neele en ese registro de hotel es el detalle que no se puede ignorar. Pero qué quiso decir con él, si es que quiso decir algo, es una pregunta que nadie puede responder hoy.
¿Hay misterios que se guardan precisamente porque la respuesta importa menos que el silencio?
