Tú ya lo has hecho: dar vueltas en la cama hasta que el techo se convierte en tu enemigo personal. Dickens también. Pero él se levantó, salió a la calle y lo escribió.
El ensayo que la mayoría no ha leído
El 21 de julio de 1860, en el semanario All the Year Round —que él mismo dirigía—, Dickens publicó «Night Walks», parte de su serie The Uncommercial Traveller. Es un ensayo semiautobiográfico, y arranca con una confesión precisa: hace algunos años, una incapacidad temporal para dormir, motivada por una impresión angustiosa, lo hizo caminar por las calles toda la noche durante varias noches seguidas.
Nada de romanticismo vago. Una impresión angustiosa. Noches seguidas. Él mismo lo fecha como un período acotado, no como una maldición de por vida —eso conviene aclararlo, porque la versión popular lo convirtió en insomne crónico y eterno caminante, y el texto dice otra cosa.
El tratamiento enérgico
Lo interesante no es que caminara. Es cómo lo describe. Escribe que el trastorno podría haber tardado mucho en vencerse si lo hubiera enfrentado tibiamente desde la cama, pero que se resolvió pronto con el tratamiento enérgico de levantarse apenas acostarse, salir y volver a casa agotado al amanecer.
Tratamiento enérgico. Dickens no se quejó: se recetó a sí mismo. Y la dosis era kilómetros y kilómetros de calles —así lo dice él, sin cifra exacta; las versiones que circulan con treinta kilómetros o veinte millas por noche no tienen respaldo verificado en el texto.
Houselessness: la palabra que lo cambia todo
Aquí está el giro que convierte una anécdota de costumbres en un ensayo con filo. Dickens llama a su condición nocturna houselessness —el no tener casa, el estar afuera— y usa esa misma palabra para referirse a la gente que se encuentra en la calle. Su houselessness, escribe, tenía kilómetros y kilómetros de calles por los que seguir su camino solitario.
No dice que es igual a ellos. Pero sí que comparte el estado. El autor de Oliver Twist —la novela donde un niño sin casa sobrevive a una ciudad que no lo quiere— se pone en la misma oración que los que duermen afuera. Eso no es un gesto menor viniendo de uno de los escritores más leídos del siglo XIX.
¿De ahí salieron sus novelas?
Es tentador decirlo. Y es una lectura razonable y muy repetida: que en esas noches vio la ciudad que no aparece de día, y que eso alimentó su escritura. Puede ser. Pero «Night Walks» no lo afirma como relación de causa y efecto, y tampoco conviene inventarle a Dickens intenciones que él no puso en el papel.
Lo que sí está en el texto es suficientemente potente: un hombre que no podía dormir, que eligió salir en vez de aguantar, y que al hacerlo se encontró con una ciudad y con una palabra —houselessness— que todavía hoy describe algo que no tiene traducción perfecta al español.
La pregunta queda abierta: cuando salís a caminar de noche, ¿estás pensando, o estás escapando? ¿O acaso la diferencia importa?
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«Night Walks» está en dominio público y disponible en línea. Si nunca lo leíste, esta noche es una buena excusa para no dormir.
