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El refugiado que construyó la industria del libro en Chile

Llegó al puerto de Valparaíso sin nada, saliendo de un campo en Francia. Once años después ayudaba a fundar el gremio que ordena el negocio del libro chileno hasta hoy.

El refugiado que construyó la industria del libro en Chile

Joaquín Almendros Jiménez llegó a Valparaíso el 2 de septiembre de 1939 a bordo del Winnipeg. Venía de un campo de concentración en Francia. No traía catálogo ni capital.

Lo que construyó en los once años siguientes es, todavía hoy, parte del esqueleto del libro chileno.

Del muelle a la circulación

Su primer trabajo en Chile fue como jefe de circulación de la revista Ercilla, bajo la dirección de Manuel Seoane, un exiliado peruano. Dos refugiados gestionando uno de los medios más influyentes del país: eso ya dice algo sobre cómo se armó buena parte de la infraestructura cultural de la época.

Almendros no se quedó ahí. Fundó la librería Mundi, que se convirtió en punto de encuentro de los intelectuales del exilio español en Santiago. Una librería como territorio: no solo un local, sino un lugar donde la gente que había perdido su país encontraba interlocutores.

Una editorial, dos librerías y un gremio

En 1941 abrió la Editorial Orbe. También tuvo la librería Orbe, en San Antonio 212. En 1944 vendió Mundi y abrió la librería Séneca, en Huérfanos 836, cuyo gerente fue Aristeo Andrés Cercós, oficial de infantería que también había llegado en el Winnipeg. Dos hombres del mismo barco, del mismo campo, construyendo juntos una cadena de librerías en una ciudad que no era la suya.

En 1950, participó junto a otros en la creación de la Cámara Chilena del Libro, asociación gremial fundada el 17 de julio de ese año, que agrupa editoriales, distribuidoras, librerías y venta directa, y que sigue operando hasta hoy. También estuvo entre quienes impulsaron la Feria del Libro de Santiago. La infraestructura que usamos para hablar del libro chileno tiene, en parte, su huella.

El segundo exilio

Durante el gobierno de Gabriel González Videla, Almendros se marchó de Chile. Las fuentes registran el hecho sin precisar el motivo. Trasladó sus operaciones editoriales a México. En los años sesenta creó el sello «Joaquín Almendros Editor», con sucursales en Santiago y Buenos Aires. Publicó estudios sobre la historia editorial chilena: un hombre que construyó industria y después la documentó.

Su ficha aparece en la Fundación Pablo Iglesias y en el Portal de Archivos Españoles del Ministerio de Cultura de España. Las fuentes lo registran como «1904-?». No se sabe cuándo murió ni dónde.

La pregunta que deja el muelle

Hay una forma de contar la historia del libro en Chile que parte de las instituciones y llega a los nombres. Y hay otra que parte de los barcos. El Winnipeg trajo, entre sus pasajeros, a personas que no venían a ser figuras culturales: venían escapando. Lo que construyeron después no fue a pesar de eso, sino desde ahí.

Almendros es casi un desconocido hoy. Su nombre no aparece en los relatos habituales sobre la industria editorial chilena. Pero la Cámara Chilena del Libro cumplió 75 años en 2025, y él estuvo en su origen.

¿Cuántas otras piezas del libro chileno fueron puestas por gente que llegó sin nada a este puerto y de la que tampoco sabemos el nombre?

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