Una de las novelas más influyentes del siglo XIX empezó con un grito en la oscuridad. Robert Louis Stevenson despertó de una pesadilla con la historia prácticamente completa en la cabeza, y en unos tres días tenía un primer borrador escrito.
Hasta ahí, una buena historia de origen. Lo que vino después es mejor.
El problema no era el terror: era el enfoque
Fanny Stevenson, su mujer, leyó ese borrador y le dijo que estaba equivocado. No en el sentido de "esto está mal escrito", sino en algo más de fondo: lo que tenía entre manos no era un cuento de terror, era una alegoría. Que lo estaba desperdiciando.
Stevenson la escuchó. El primer borrador fue al fuego, y él se sentó a escribir la novela de nuevo, desde la primera línea.
Lo que salió de esa segunda vuelta es lo que hoy conocemos como El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde.
La pregunta que nadie ha podido cerrar
Aquí viene el punto ciego: nadie sabe con certeza quién quemó ese manuscrito.
La versión clásica la dejó por escrito Lloyd Osbourne, hijastro de Stevenson: fue él mismo quien lo echó al fuego, enojado por la crítica de Fanny. Ese relato familiar circuló durante décadas como la versión oficial.
Pero en el año 2000 se subastó una carta de Fanny dirigida al escritor W. E. Henley, en la que ella describe lo que Stevenson había escrito como casi un cuaderno entero de disparates, dice que él ya se había olvidado del asunto, y señala que ella pensaba quemarlo después de mostrárselo.
La carta produjo titulares. Después apareció otra carta que respalda la versión de Lloyd. Y ahí quedó la cosa.
Dos cartas, dos versiones, ninguna conclusión
Los especialistas en Stevenson llevan años con este hueso y no han llegado a un acuerdo. Ambas versiones tienen respaldo documental. Ninguna tiene la última palabra.
Lo que sí está claro es lo que no está claro: si fue un gesto de rabia, un acto deliberado, o algo que pasó en el desorden cotidiano de una casa donde dos escritores vivían juntos y discutían sobre los textos del otro.
El sueño que se convirtió en clásico (dos veces)
Hay algo casi demasiado perfecto en que una novela sobre la doble naturaleza del ser humano tenga también dos orígenes posibles, dos versiones del mismo hecho, dos narradores que recuerdan distinto.
Jekyll y Hyde no es solo una historia sobre lo que escondemos. Es también una historia sobre cómo se construye una historia, y sobre el hecho de que incluso los archivos mienten por omisión.
La pregunta que deja abierta es sencilla y difícil a la vez: ¿alguna vez un sueño te dio una idea que valió la pena? Y si es así, ¿tuviste el instinto de anotarla antes de que se fuera, o dejaste que se quemara sola?
