Hay algo profundamente reconfortante en saber que el hombre que escribió Ulises —la novela que ha hecho llorar de frustración a generaciones enteras de lectores— le tenía pánico a los truenos y salía corriendo si un perro se le acercaba.
James Joyce, el irlandés que redefinió la literatura del siglo XX, era un tipo con miedos de lo más cotidianos. Astrafobia se llama el terror a los rayos y truenos. Y sí, Joyce la tenía declarada y sin vergüenza.
El libro más difícil del mundo, escrito por alguien que le huía a las tormentas
Ulises (1922) es considerada por muchos críticos la novela más importante —y más inaccesible— de la literatura moderna. Setecientas páginas que transcurren en un solo día en Dublín, con un flujo de conciencia que te hace sentir que el problema es tuyo. Spoiler: no es tuyo, es de Joyce, y era su plan.
Pero ese mismo cerebro capaz de construir uno de los edificios literarios más ambiciosos de la historia se paralizaba con un relámpago. Sus amigos y contemporáneos lo documentaron: Joyce adulto, en plena gloria literaria, buscando refugio ante una tormenta como cualquier niño de ocho años.
Los miedos no discriminan talento
Lo interesante no es el chiste fácil, sino lo que esto dice sobre cómo funciona el genio. No viene en paquete completo. No hay coherencia entre la grandeza de una obra y la solidez emocional de quien la escribe.
Virginia Woolf tenía sus crisis. Kafka vivía en angustia permanente. Pessoa se inventó personas enteras para no tener que ser él mismo. La literatura del siglo XX está llena de gente brillante y rota al mismo tiempo, y esa tensión es, probablemente, parte de lo que hace que sus obras sigan vibrando.
El canon también era humano, y eso importa
Hoy hay una tendencia —sana, necesaria— de bajar a los clásicos del pedestal. No para tirarlos al suelo, sino para verlos mejor. Cuando sabes que Joyce le huía a los perros, Ulises no se vuelve más fácil de leer, pero sí más cercano. El tipo que lo escribió también tenía días malos.
Y eso conecta con algo que pasa en la literatura nueva: los escritores emergentes de hoy escriben desde la vulnerabilidad sin disculparse. Desde el cuerpo, el miedo, la contradicción. Lo que en Joyce era una rareza biográfica, hoy es casi una poética.
¿Será que los mejores libros siempre los escribe alguien que, en el fondo, también le teme a algo?
