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Roberto Arlt: el escritor que quiso hacerse rico con medias de goma

El autor de «Los siete locos» no solo inventaba personajes delirantes: también patentaba inventos para escapar de la pobreza. Spoiler: no funcionó.

Roberto Arlt: el escritor que quiso hacerse rico con medias de goma

Roberto Arlt escribía como si le faltara el aire y vivía como si le faltara la plata. Porque le faltaba la plata.

El autor de Los siete locos (1929) es uno de los grandes de la literatura latinoamericana, el tipo que puso a los marginados, los locos y los resentidos en el centro de la novela urbana argentina. Pero hay un detalle que los manuales escolares omiten con elegancia: Arlt también era inventor. Y no metafóricamente.

El escritor que quería una patente, no un premio

Arlt patentó varios inventos a lo largo de su vida. El más famoso —y el más tragicómico— fue un proceso para reforzar con caucho las medias de mujer. La idea era simple: medias que no se corrieran, que duraran, que le dieran la independencia económica que el periodismo y los libros nunca le garantizaron. Instaló un pequeño taller en Buenos Aires y se lanzó al negocio con la misma intensidad febril con que escribía sus Aguafuertes porteñas.

No funcionó. La fórmula nunca fue del todo estable, el negocio no despegó, y Arlt murió en 1942, a los 42 años, sin haberse hecho rico ni con las letras ni con la goma.

El inventor y el escritor eran el mismo tipo

Lo fascinante es que no hay contradicción entre los dos Arlt. Sus personajes —Erdosain, el Astrólogo— también son inventores fracasados, hombres que fantasean con el dinero, con los esquemas, con la gran idea que lo cambiará todo. Arlt no estaba proyectando: estaba escribiendo su propia vida con otro nombre.

Esa tensión entre el genio y el fracaso, entre la ambición desmedida y la realidad que no cede, es exactamente lo que hace que Los siete locos siga siendo tan incómoda y tan vigente. No es una novela de época: es el retrato de cualquiera que alguna vez creyó que esta vez sí iba a funcionar.

Lo que Arlt le dice a los escritores de hoy

Hay algo profundamente contemporáneo en esta historia. Hoy hay escritores independientes que publican sus propios libros, que venden por Instagram, que hacen talleres para pagar el alquiler mientras terminan su novela. La figura del escritor que también tiene que resolver la vida no es nueva: tiene por lo menos la edad de Arlt.

La diferencia es que hoy nadie se avergüenza de eso. Y quizás esa sea la herencia más honesta que dejó: no la del genio maldito, sino la del tipo que escribía con urgencia porque la urgencia era real.

¿Cuántos grandes libros se escribieron, en el fondo, para pagar una deuda?

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