Cuando termina una guerra, alguien tiene que recoger los pedazos. En el Perú de 1883, ese alguien fue Ricardo Palma, y los pedazos eran libros.
La Guerra del Pacífico dejó Lima ocupada y la Biblioteca Nacional saqueada. Miles de volúmenes habían salido del país. El edificio quedó prácticamente vacío. El gobierno nombró a Palma director ese mismo año, con una misión que sonaba más a condena que a honor: devolver a su país su memoria escrita.
Una biblioteca no es solo un edificio
Palma ya era el autor de las Tradiciones Peruanas, el cronista más reconocido de su generación. Podría haberse quedado escribiendo. En cambio, eligió otra cosa: convertirse en el hombre que pide.
Durante casi tres décadas como director, escribió cartas a gobiernos, instituciones y escritores de toda América y España. Argentina, Colombia, México, España respondieron con donaciones. Pero hay un capítulo de esta historia que merece el mismo peso que los demás: Chile devolvió cerca de 30.000 libros por orden del presidente Domingo Santa María, tras el pedido directo de Palma. No fue un gesto espontáneo ni automático. Fue el resultado de una gestión concreta, de alguien que entendió que reconstruir requería también pedirle al adversario.
Julio de 1884: la biblioteca vuelve a abrir
En julio de 1884, la Biblioteca Nacional reabrió sus puertas. No era la misma de antes, pero era una biblioteca real, con colecciones reales, funcionando. Lo que Palma había armado en menos de un año desde su nombramiento era ya suficiente para volver a operar.
Y siguió. Por décadas más, siguió sumando volúmenes. Al final de su gestión, la institución contaba con decenas de miles de libros reunidos desde cero. No con presupuesto del Estado, sino con persistencia, correspondencia y la convicción de que una nación sin biblioteca es una nación sin piso.
El escritor que eligió no escribir (por un rato)
Hay algo que vale la pena nombrar: Palma sacrificó años de producción literaria propia para hacer este trabajo. No es un detalle menor. Es la decisión de alguien que pone el proyecto colectivo antes que el legado personal, al menos por un tiempo.
La historia lo recuerda por sus Tradiciones. Pero quizás la obra más duradera de Palma no está en ningún libro que él haya escrito, sino en los miles de libros que otros escribieron y que él se negó a dejar perder.
¿Cuántos escritores de hoy elegirían hacer lo mismo?
