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Octavio Paz dejó la embajada dos días después de Tlatelolco

El 4 de octubre de 1968, Paz escribió que no podía seguir sirviendo "con lealtad y sin reservas mentales". Una carta cambió veinte años de carrera.

Octavio Paz dejó la embajada dos días después de Tlatelolco

El 2 de octubre de 1968, fuerzas del Estado mexicano abrieron fuego contra una concentración estudiantil en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, Ciudad de México. El saldo fue de decenas o cientos de muertos, sin cifra oficial establecida hasta hoy. Faltaban diez días para la inauguración de los Juegos Olímpicos.

Octavio Paz estaba en Nueva Delhi. Desde 1962 ocupaba el cargo de embajador de México en India, el punto más alto de una carrera diplomática que llevaba más de veinte años.

Una carta, 48 horas después

El 4 de octubre, Paz escribió una carta marcada como "confidencial y personal" al secretario de Relaciones Exteriores, Antonio Carrillo Flores. En ella consignó que había tenido que preguntarse si podía seguir sirviendo al Gobierno "con lealtad y sin reservas mentales". La respuesta que encontró lo llevó a pedir su disponibilidad, figura prevista en la Ley del Servicio Exterior Mexicano que le permitía desligarse del cargo sin presentar una renuncia formal en sentido estricto.

El 16 de octubre, Carrillo Flores respondió por telegrama: la solicitud quedaba aceptada. Paz permaneció en la embajada hasta fines de ese mismo mes.

¿Renuncia o disponibilidad?

El matiz importa y ha sido discutido. En la prensa cultural mexicana existe un debate documentado sobre si lo ocurrido constituye una "renuncia" en sentido propio o si la figura de disponibilidad tiene un alcance distinto. Lo que los documentos registran es esto: Paz solicitó salir, el gobierno lo aceptó, y una carrera de más de dos décadas terminó en octubre de 1968. Tomar partido en esa discusión semántica excede lo que los papeles permiten resolver.

Lo que quedó escrito

No hay registro de diálogos ni de declaraciones públicas inmediatas de Paz sobre sus razones más allá de lo consignado en esa carta. Lo que dejó por escrito fue la pregunta que se hizo a sí mismo y la conclusión a la que llegó. Eso es lo que sobrevive como documento: la pregunta, y el acto que siguió a ella.

En 1990 Paz recibió el Premio Nobel de Literatura. Para entonces, Tlatelolco llevaba más de veinte años siendo una herida abierta en la memoria pública mexicana, y aquella carta de octubre del 68 formaba parte del registro de cómo algunos intelectuales respondieron a lo que ocurrió.

Lo que el episodio plantea sigue siendo pertinente: ¿hasta dónde llega la lealtad institucional cuando choca con la conciencia? Paz dejó una respuesta en forma de acto. La pregunta, sin embargo, no tiene fecha de vencimiento.

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