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Machado de Assis: el nieto de esclavos que presidió las letras de Brasil

Sin escuela formal ni apellido ilustre, Machado de Assis construyó una de las obras más originales del siglo XIX y presidió la Academia Brasileña de Letras hasta el día de su muerte.

Machado de Assis: el nieto de esclavos que presidió las letras de Brasil

Hay trayectorias que no caben en ningún molde. Joaquim Maria Machado de Assis nació el 21 de junio de 1839 en Río de Janeiro, en una familia sin recursos, nieto de esclavos libertos por línea paterna y con escolaridad formal escasa. Murió el 29 de septiembre de 1908 como el primer presidente de la Academia Brasileña de Letras, cargo que ocupó desde el primer día hasta el último de su vida.

No es una historia de redención ni de milagro. Es una historia de trabajo, de oficio y de una inteligencia que encontró su camino en las palabras.

De los talleres tipográficos a la primera fila de la literatura

Machado se formó donde pudo: en imprentas, en redacciones de periódico, en el contacto directo con el oficio de escribir. Aprendió solo lo que la escuela no le dio. Eso, en el Brasil del siglo XIX, no era un detalle menor: el acceso al mundo letrado era un privilegio que se heredaba, no se conquistaba.

Y sin embargo, Machado lo conquistó. Publicó en periódicos, escribió teatro, poesía y cuentos antes de que sus novelas le dieran el lugar que hoy ocupa en el canon latinoamericano. Memórias Póstumas de Brás Cubas (1881) y Dom Casmurro (1899) son hoy lecturas obligadas en universidades de todo el mundo, celebradas por su ironía, su estructura narrativa experimental y una modernidad que sigue sorprendiendo.

La Academia: una fundación, dos fechas que conviene no confundir

En diciembre de 1896, un grupo de escritores brasileños comenzó a reunirse en la redacción de la Revista Brasileira, en la Travessa do Ouvidor 31 de Río de Janeiro. Esas fueron las sesiones preparatorias de lo que sería la Academia Brasileña de Letras. La sesión inaugural oficial llegó el 20 de julio de 1897.

Machado fue fundador de la cátedra número 23 y fue aclamado primer presidente en esa primera sesión. No fue un cargo honorífico ni simbólico: lo ejerció de forma activa hasta su muerte, once años después. Cuando se habla de "fundación de la Academia", conviene precisar cuál de las dos fechas se usa, porque 1896 y 1897 no son lo mismo y la confusión es frecuente incluso en fuentes serias.

Lo que los biógrafos dicen y lo que él nunca confirmó

Según sus biógrafos, Machado enfrentó a lo largo de su vida episodios que ellos han descrito como epilepsia y tartamudez. Pero hay que ser precisos: ninguno de esos diagnósticos consta como registro clínico hecho en vida, y él nunca los reconoció públicamente. Los especialistas tampoco se ponen de acuerdo en cuándo habrían comenzado las crisis: algunos las sitúan en la infancia, otros en la adultez.

Mencionarlo importa porque durante décadas la crítica usó esas condiciones —reales o atribuidas— para explicar su obra, como si el genio necesitara una causa médica. Su escritura no necesita ese andamiaje. Se sostiene sola.

Un debate que la crítica no ha cerrado

Hay una pregunta que los especialistas siguen discutiendo: cuál fue la posición real de Machado frente a la esclavitud y el abolicionismo en su obra y en su vida pública. Las interpretaciones van desde quienes lo ven como un escritor que eludió el tema hasta quienes encuentran en sus textos una crítica oblicua y sostenida al orden esclavista. No hay consenso, y GlobalBooks no va a zanjar lo que la academia lleva décadas debatiendo.

Lo que sí está documentado es lo que construyó: una obra que rompió con los moldes de su tiempo y una institución que todavía existe. Para alguien que empezó sin casi nada a su favor, no es poco. La pregunta que queda abierta es cuántas trayectorias como la suya se perdieron en el mismo siglo porque el camino estaba cerrado antes de empezar.

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